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Finding Folklife: Trail Riders

Finding Folklife: Trail Riders

Originally published in http://www.creativecatalystblog.com/process/trailriders. June 2015.

CONTRIBUTOR:
Pat Jasper, Director of Folklife + Traditional Arts

Houston Arts Alliance’s Folklife + Traditional Arts program has been conducting fieldwork through the spring and now into the summer in preparation for a project entitled Winter Celebrations, to be presented later this year. We are researching three very different cultural traditions and considering some of the interesting and revealing ways in which they are similar and, of course, many of the ways in which they are drastically different. But rodeo trail rides, the Feast Day of the Virgen of Guadalupe and the celebration of Indochinese lunar New Year share more than a season. Here’s a glimpse of our current work and the people we are getting to know as a part of it.

Like many Houstonians, Rosetta Gray is not a native of the city. But this hasn’t kept her from regularly participating in an activity for almost 35 years that most Houstonians would consider a central symbol of the city. She trail rides. Even more, she’s the Trail Ride Boss.

Rosetta developed early riding skills growing up in the countryside of Mississippi. She took up trail riding with the Southwestern Trail Ride Association soon after moving to Texas in the late 1970s. She stayed with Southwestern, bringing her children up on the trail rides and now her grandchildren as well.

Southwestern Trail Ride Association is the city’s second official African American trail ride to form after the Prairie View group got started in the 1950s and became a part of the Houston Livestock Show and Rodeo. The legendary founder of the Prairie View unit, Jamie Francie Jr., knowing that the success of his organization had outgrown the places where they camped and came together, encouraged Rosetta’s husband, Fred Gray, to start a second group in the southwest part of town. Noting that Brazoria County had a strong agricultural economy, he recommended they focus their ride in that sector of the region. Rosetta’s first ride with Southwestern began in Sargent, Texas, some seventy miles south of Houston.

Nowadays, the Southwestern Trail Ride Association kicks off closer in, at a campsite in West Columbia. They begin their ride, as most groups do, by hosting a celebration featuring zydeco music. Over the last 20 years, with the increase of the Creole population in this part of Texas and the music’s association with rural life, zydeco has become the signature music of the Black trail rides.

For many Houstonians, the trail rides — whether Anglo, African American or Mexican American — are often seen as a form of dress-up, in keeping with Go Texan Day, the Friday launch for the annual Houston Livestock Show and Rodeo. That February event is a special time for the Southwestern Trail Riders, but it carries more historical and regional significance than most know. The Texas Gulf Coast is home to a rich black cowboying tradition. The counties that surround Harris — especially Waller, Fort Bend, Brazoria and those further south along the Coastal Bend — are still home to a thriving ranch economy. African American cowboys helped build that economy and it is this legacy that all Black trail ride associations draw on every time they ride out; especially when they ride out for what many consider the largest rodeo in the US, if not the world!

 

Mi Caballo

Mi Caballo

Siento el agua embravecida golpeando mi pierna, girando alrededor de nosotros,  nos empuja,   una ola repentina fuerte nos golpea ,  siento el movimiento de  sus dos patas delanteras en el aire tratando de saltar hacia arriba y hacia adelante, tratando de evitar la ola pero la corriente es más fuerte y no hay hacia donde ir.          

El  pierde el pie y  yo siento que mi cuerpo pierde  el mundo, cayendo, el agua a mi alrededor, a nuestro alrededor, inundando mis oídos, mis ojos , mi ropa, jalando mis zapatos, me hundo en el rugir, un  único sonido llenando  todos mis  sentidos, no se donde es  arriba o  abajo ,lo único tangible son las riendas en mi mano, estiro  mis piernas y mis pies tocan  el fondo pedregoso del río, intento ponerme en pie y  me resbaló, agarro mas fuerte las riendas.  

El,  al fin encuentra  el equilibrio y se queda inmóvil, parado, quieto. Siento el ondular del agua contra  su cuerpo que me protege de ser arrastrada por la corriente  y logro ponerme de pie,  procuró detener mi cuerpo,  encontrar  el orden en medio del rugir y  alcanzo a  entender que estamos bien.  Espero un poco más, tratando de contrarrestar  el empuje del agua , decido subirme a la silla.  el puede con la corriente y yo no.  

El está empapado, el agua le escurre desde la crin de color tierra colorada de su frente  pasando por la raya blanca hasta el hocico.   las cinchas  que sostiene la silla han cedido  y la silla se siente suelta,  hago el intento de arreglar la alfombra de cuero, mientras ajusto  la silla hacia arriba.

 A tientas  pongo  un pie en el estribo, la otra pierna la  doblo  para tomar impulso,  con una mano me agarró  de su crin y con la otra mano cojo la parte de abajo de la silla . todos mis músculos al mismo tiempo me impulsan hacia arriba, mi pierna vuela  por encima de sus ancas  y quedó sentada. Siento  su cuerpo golpeado por el agua y sus  músculos sosteniendonos,  temblorosos.  

Aguardo un momento calculando la distancia hacia la orilla, estamos en la mitad del rio asi que no creo que haya un punto más hondo,  igual no hay para donde mas coger sino hacia adelante.   Ttsts  chasqueo con mi lengua  un sonido bajo,  un toque con mis talones  a sus  flancos, un movimiento de la riendas.  Él entiende mis indicaciones para que comience a andar.  mis piernas tensas,  como queriendo ayudarle a romper  el agua.

El avanza despacio , acortando la distancia hacia la orilla, lanza  sus dos patas delanteras  hacia arriba,  hacia la tierra seca y sus dos patas traseras empujan desde el agua, me inclino hacia adelante agarrándome con las dos manos de su crin,  tratando de no caerme  en la mitad del salto, mis dos pies  en los estribos manteniendo mi cuerpo pegado a su cuello y en el centro para evitar que la silla se deslice hacia los lados, un último empujón de sus patas y estamos al fin en tierra firme, oigo el ruido de sus cascos golpeando las rocas  mientras mi cuerpo se endereza instintivamente buscando asegurarse en la silla.

Trato de ubicarme,  adelante, entre la maleza  y los árboles  está el camino que nos regresa a la finca y a mi lado derecho ,al otro lado del ancho  lecho de piedras negras y rojas  del rio Guatiquia, los barrios de invasión de  Villavicencio,  el sitio de donde venimos.  

Siento el peso de mi ropa  emparamada,  tengo aun puestos los zapatos,  me escurre agua de mi pelo a los ojos y tengo la arena del río oscura llena de millones de piedras diminutas pegadas a cada  parte de mi piel y mi ropa.  Siento el calor del sol y un viento suave que huele a verde y a tierra en la cara.  Se que si vamos al paso me da tiempo suficiente  para que mi ropa se seque.   

Muñeco va  caminando despacio,  las riendas están en la cabeza de la silla,  necesito tiempo para respirar  y se que no tengo que guiarlo Él sabe llegar a la casa.